Iba con su carrito tirando como podía.
Unos días antes había sufrido un accidente y su rodilla estaba completamente hinchada, con fuertes dolores, y una gran cojera que escondía bajo un raído abrigo gris, que le cubría hasta las espinillas.
Su cuerpo arrecío de frío, intentaba calentarlo a veces alrededor de una pequeña fogata.
Había llegado a este país con la esperanza de encontrar un trabajo y poder sacar de la pobreza a su familia que desde hacía tiempo esperaban su vuelta, pero eso nunca llegaba.
No consiguió trabajo, únicamente uno que perdió cuando cayó enfermo con una neumonía, que a punto estuvo de costarle la vida, y encima de eso, su jefe le despidió, pues ni seguro le habían hecho.
Llevaba vagando por las calles casi un año, esperando ese milagro que nunca llegaba.
Serían las segundas Navidades lejos de sus hijos, y de su esposa.
Sus cuatro pequeños que le esperaban con los brazos abiertos, y que él no podía hacer nada para volver junto a ellos.
Se paraba frente a los escaparates adornados todos con los colores de la Navidad e imaginaba como sería la cena en casa, al calor de la chimenea, una cena muy humilde, pero abrigado con el cariño de los suyos, sin necesidad de vestir su cuerpo con harapos.
Vivía mendigando, de lo poco que sacaba, había veces que podía echar algo al estómago, y otros días ni tan siquiera un café para calentarse.
Los albergues estaban a rebosar de indigentes, pues las bajas temperaturas hacía que todos buscaran un refugio.
Dejaron abierto el metro de la ciudad toda la noche para que los que no tenían donde resguardarse pudieran al menos dormir bajo un techo.
Las fuertes nevadas ya se habían cobrado tres vidas en esas ultimas semanas.
Esteban no quería que esto le ocurriera a él, pero no por él sino por los suyos, quería que vieran que había podido valerse, y salir adelante, no quería rendirse.
Ellos se merecían todo el esfuerzo de su parte.
Faltaban tres días para Navidad, y hacía un frío mortal, por las calles iba vagando como de costumbre para poder conseguir al menos para comer un bocado ese dia, llevaba casi una semana sin comer apenas nada.
Las calles solitarias, la gente estaban al calor de sus casas, o en sus puestos de trabajo. Del interior de los bares se escuchaba el sonido que nos anuncia que la Navidad llegó.
Los niños de San Ildefonso cantando los números de la lotería.
Esteban solo soñaba con sus hijos, su mujer, a veces pensaba que nunca mas los vería ni los volvería a abrazar.
Estaba francamente triste y derrotado por su mala suerte. Le habían asegurado que en España tendría trabajo, y en poco tiempo podría regresar a su casa sin problemas, mas o menos se lo habían pintado como el paraíso, pero de paraíso tenía poco.
De haberle hecho caso a su esposa, ahora estarían todos juntos.
Tan inmerso estaba en su desdicha que no se dio cuenta de algo.
A pocos metros de allí, paró un taxi, del cual bajó un caballero con muy buena planta, vestido con un traje negro, bastante elegante, pero Esteban no le vio. Al poco rato, se fijó en algo que había en el suelo, y al moverse por el aire, el papelito se dio la vuelta y pudo ver que era un décimo de lotería.
Esteban lo cogió, y buscando un posible dueño, vio que allí no había un alma. La calle solitaria por el frío que calaba los huesos.
Guardó el décimo en el bolsillo de su abrigo y siguió su camino.
Por fin pudo conseguir a lo largo del día 4 € que le dieron para un bocadillo y un café caliente, el cual le dejó el cuerpo bastante bien.
Al ir a pagar, se dio cuenta que el décimo seguía allí, y escuchando hablar a los que allí se encontraban, de cuál había sido el número premiado en la lotería de Navidad,
"78294", con la mano temblorosa lo sujetó para mirarlo, sin poder imaginar lo que tenia en sus manos.
Con gran asombro vió que aquél número que había encontrado por la mañana, era el número premiado con un montón de millones, y lo llevaba él...no podía ser.
Empezó a temblarle todo el cuerpo, no sabía que hacer, se sentía muy mala persona por haberse apropiado de algo que no le pertenecía, pero pensó en sus hijos, en su esposa, y una sonrisa asomó en su rostro, su sueño se cumpliría por fin.
Se acercó a una administración, la cual le indicó lo que debía de hacer para poder cobrarlo.
Tuvo algún pequeño problema, pues debía ingresarlo en un banco de su país.
A los pocos días Esteban aparece hecho un pincel, bien aseado, afeitado, vistiendo un traje elegante, y portando regalos para sus hijos y esposa....en el aeropuerto de Barajas, esperando a que saliera su vuelo hacia Ecuador, y lo mas importante, llevaba consigo el mejor regalo de todos. El amor y cariño a los suyos.
Esteban pudo abrazar a su esposa, y sus hijos, y desde ese momento sus vidas y la de su familia cambió para bien.
Aquél hombre que perdió su décimo de lotería hizo el mayor bien que nadie puede hacer, salvar una vida, y devolver la felicidad a una familia.
Desde entonces el auténtico espíritu de la Navidad nos llega cuando aparece ese hombre de negro regalando ilusión por todas las ciudades de España y resto del mundo.
También llamado "el calvo de la Navidad".

¡¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!!