martes, 30 de diciembre de 2008

SE HABÍA SALVADO

Cuando su marido recibió la noticia, suspiró aliviado. En aquellos instantes en que el mundo pareció detenerse, mientras su mujer se debatía entre la vida y la muerte, hizo memoria y recordó cosas que creía olvidadas: aquellas primeras noches junto a ella, lo bien que olía, lo suave de su piel, su risa, esos preciosos ojos verdes que nunca mentían, las baladas de Elvis que él le cantaba "Love me, tender, love me sweet…" que, aunque él sabía que lo hacía fatal, también sabía que a ella le encantaba, las "maripositas" en el estómago cada vez que la besaba, su melena al viento, sus abrazos, sus "te quiero" tan sinceros…

Recordó, en fin, todo lo bueno vivido junto a ella y, en un instante de lucidez, se dio cuenta que algo no iba bien. ¿Cuándo acabaron sus risas y empezaron sus llantos? No podía decirlo. Quizá la había abandonado un poco, y en preciso momento se dio cuenta de que hacía tiempo que no le hablaba, pero es que tenía demasiados problemas en la cabeza como para escuchar a su mujer. Llevaban una buena vida, tenían una hija, ¿acaso su esposa no era feliz?
Pero entonces un sentimiento de ira invadió su cuerpo: ¿Acaso importaba todo aquello? La vida no siempre es cómo queremos que sea, y hay que adaptarse a las circunstancias. Él, a pesar de todo lo vivido, se había hecho fuerte, se había sobrepuesto a todo y a todos, y sin derramar jamás una lágrima…Llorar es de cobardes, no se arregla nada llorando, arreglas más a puñetazos…Se había hecho fuerte a base de atacar a los demás, de reírse de sus debilidades, "Si vis pacem, parabellum" era su lema, atacar siempre antes de que te ataquen, así reaccionan los hombres, así se hacen fuertes. Qué vergüenza tener una mujer así, cobarde, que llora por nada. ¿Cómo se había atrevido a hacerle eso…a ÉL? Y en ese preciso momento, la odió.

Mientras, tras la cortina, ella había despertado. ¿Sabes dónde estás? -le preguntaron. Ella asintió con la cabeza, no tenía ganas de hablar. Conocía aquella sala demasiado bien, había estado varias veces en salas como aquellas, y no le desagradaba en absoluto.
¿Sabes qué ha pasado? -volvieron a preguntar. Y otra vez volvió a asentir. Ella miraba el techo, y se preguntaba qué había salido mal. ¿Por qué…? Esta vez no acabaron la pregunta que sabía que iban a hacerle, y se alegró. "Hay que avisar a sus familiares y llamar a un psicólogo". ¿Por qué no podían dejarla en paz? No quería ver a nadie, y menos a sus familiares.
Pocos minutos después, un hombre joven descorrió la cortina. "Vale, aquí está el psicólogo" -pensó. "Hola, soy el doctor Aba" -se presentó. "He leído tu historial…pero no lo entiendo. ¿Podrías explicarme que pasó?" Ella se lo pensó. Había tantas cosas que quería decir, ahora sí que tenía ganas de hablar, de contarle todo a un completo extraño, de desahogarse, quizá si lo explicaba todo dejaría de sufrir, porque aquella pena no la dejaba vivir…Su mente estaba confusa, no sabía por dónde empezar, quería hablar, pero era cómo si se hubiera olvidado cómo hacerlo. Por un instante, se imaginó que era un bebé, sabía lo que quería, pero no sabía cómo comunicarlo…y se sintió terriblemente sola. Más sola de lo que se había sentido en los últimos meses, sola e incomprendida. Un nudo en la garganta le quemaba, y de sus ojos se empeñaban en salir las lágrimas, aquellas que su marido tanto odiaba. "No llores, no llores…" -se decía a sí misma.

Entonces, una voz la sorprendió: era su propia voz, y pudo oírse diciendo "Me corté…". Qué estúpida soy, -pensó- eso es evidente. El doctor seguía allí, sentado al lado de su camilla, esperando sus palabras. Quería ordenar sus pensamientos, quería hablar de la forma más coherente posible…pero no pudo aguantarlo más. De sus ojos empezaron a brotar aquellas estúpidas lágrimas y, de pronto, se encontró llorando. Ahora le era imposible hablar, sólo podía llorar y llorar…"Bien, tranquilízate -le dijo el doctor- ahora voy a hablar con tu familia y luego vuelvo, a ver si puedes decirme algo más", pero ella seguía llorando, desconsolada. ¿Qué demonios había salido mal? ¿Por qué estaba todavía allí? ¿Quién la había encontrado? ¿Por qué le habían salvado la vida cuando era evidente que no deseaba seguir viviendo? El dolor de su pecho era tan terrible que la única salida era la muerte. "Maldito corazón, te odio, todo esto es culpa tuya. Quién fuera un robot para no sufrir por amor…"
El doctor estaba hablando con su familia. Ella podía oír las voces, pero no entendían lo que decían. "Mejor así -pensó- prefiero no oír que estoy loca. De todas formas, eso ya lo sé de sobra". Pero sí que oía a su madre llorar, y eso la hizo aún más infeliz. Su madre siempre la había ayudado y apoyado, pero eso no era suficiente. La persona que más quería, por la que lo había dado todo, por la que habría bajado el sol, la luna y las estrellas, a quien daría todo su ser…no la amaba. ¿Por qué? ¿Tan indigna era para que él le negase la única cosa que le pedía, su amor? Y, si no la amaba, ¿por qué le había pedido que se casara con él? ¡Maldito sea el día en que dije "Sí, quiero"! -chilló, furiosa. En ese preciso día, todo cambió. El chico amable y simpático que fue su novio, se convirtió, tras una simple llamada de teléfono, en alguien totalmente desconocido: esquivo, huraño, mal hablado, egoísta…La llamada de teléfono de su exnovia, que quería arreglar las cosas con él al saber que, tras haberlo abandonado, había rehecho su vida y se había casado con otra. En ese mismo momento decidió boicotear su vida, y podía estar satisfecha de haberlo conseguido.

En su camilla recordó el día que, haciendo limpieza, encontró, cuidadosamente guardadas, las cartas de amor de su marido con su exnovia. Creyó morir cuando leyó "tienes razón, es mejor dejar pasar el tiempo, dentro de dos años nadie se extrañará de que la dejes y entonces volveremos a ser felices". Por un momento se planteó dejarlo, volver a su adorado Londres donde había sido tan feliz y encontraría fácilmente trabajo y piso, pero en seguida decidió plantar cara y luchar por su marido. Al menos, ella tenía una hija, eso le ataría un poco más en caso de que quisiera dejarla.
Pero de nada sirvieron sus esfuerzos, su marido se alejaba de ella día tras día y sabía bien cuál era su destino. Harta de luchar, de tomar pastillas para mitigar un poquito ese terrible dolor que no la dejaba vivir, decidió la salida más "cobarde", la única que era capaz de ver en ese momento: morir. Había comprado una cuchilla de afeitar y, cuidadosamente, había hecho unos cortes muy profundos en las muñecas. No le dolió, al contrario, se reía mientras lo hacía, y se quedó embobada viendo cómo aquel precioso líquido casi negro, que teñía todo lo que tocaba de rojo, manaba a borbotones de sus delgadísimas muñecas…Y pensaba, contenta, que por fin dejaría de sufrir. No pensó por un momento en su hija, ni en su madre, ni en su marido, ni siquiera en aquella persona que había convertido su vida en un infierno…en esos momentos que creía estar muriendo, no le pesaba el corazón, no había dolor ni sufrimiento ni rencor…había alegría, y hasta un cierto orgullo, por primera vez en meses, había decidido algo por ella misma sin pensar en los demás: había decidido su muerte. Poco a poco se iba notando cansada, mareada, y notó cómo caía al suelo, suavemente, como si fuera a cámara lenta, y no le dolió el golpe. Abrió los ojos por última vez para ver el charco de sangre en el que estaba tendida y los volvió a cerrar, pensando "enhorabuena, has ganado, que seáis muy felices…"

Pero alguien, inexplicablemente, la había salvado, porque se despertó en una camilla de hospital rodeada de enfermeras. Ahora empezaban a dolerle las muñecas y se atrevió a mirar: un montón de vendas las cubrían, prueba de que todo había sido real y no un sueño…
El doctor volvió y le dio la noticia "Supongo que ya sabes que te vamos a ingresar. Necesitas ayuda, así que te vamos a llevar a un sitio dónde te van a ayudar. No te preocupes, todo va a salir bien". "Vale -pensó- me llevan a un psiquiátrico. Bueno, seguro que no será peor que estar en casa".

No quiso ver a su familia, especialmente a su marido, y en aquellos momentos inciertos, no sabía si querría volverlo a ver. Seguro que la odiaba por lo que había intentado hacer, y ya estaba harta de reproches, pero, aunque él no lo supiera (ni le importase) lo había hecho por él, por su amor (o desamor), por la pena que le había causado al engañarla de aquella forma tan vil…
Ella contemplaba el paisaje desde la ventanilla, ¡que bonito!, pero no se arrepentía de dejar todo aquello atrás. Para ella era el comienzo de una nueva vida, esperaba curarse de aquel mal tan terrible llamado amor y que tanto sufrimiento le había causado…Ella era feliz y se reía…Y el personal de la ambulancia que la llevaba pensaba "pobre chica, otra más que acabará sus días en un manicomio".

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Dedicado a todas aquellas personas que sufren por este terrible mal llamado "Amor" y a todas aquellas que han cometido locuras por amor.

4 comentarios:

El chache dijo...

Nadie, repito, nadie merece que alguien se quite la vida por amor, ni desamor, ni por nada.
Es un gran relato. Me ha gustado mucho como esta escrito.
Un saludete

Arwen dijo...

Me ha tenido enganchada hasta el final...gran historia y comprendo lo que hizo la protagonista...cuando se te cierran todas las puertas y estas en el fino hilo de atreverte o no..menos mal que gana casi siempre el no atreverse verdad?? muchos besos cielo y que el 2009 te traiga toda la felicidad que te mereces que es mucha...

Yaiza dijo...

Chache: Tienes razón, nadie devería llegar a hacer algo así, y menos por amor...pero a veces la vida no te deja otra salida, o eso crees en esos momentos, en los que el dolor es tan grande que no encuentra consuelo con nada.
Gracias por tu comentario.
Arwen: Sí, es triste llegar a comprender algo así, pero las personas que nos hemos visto en el límite, sabemos que no es la salida...pero lo entendemos en cierto modo.
Gracias guapa.

Verónika dijo...

Hola Yaiza, vaya historia, me ha gustado...pero que trágica, eso no devería de ocurrír jamás, a nadie, intentar acabar con todo por amor.

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Las obras que aquí se exponen, están registradas en el REGISTRO DE LA PROPIEDAD INTELECTUAL de Madrid. Con el nº de asiento registral 16/2009/7813. M-010012/2009

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